La independencia tecnológica europea y la transición hacia el software libre

Imagen que representa la independencia tecnológica europea

El momento de la soberanía digital europea ha llegado

Durante décadas, Bruselas fue consciente de que depender de la tecnología estadounidense suponía un riesgo estratégico y económico, pero siempre hubo excusas para demorar el cambio. Hoy, esa prudencia se ha vuelto insostenible: basta un tuit de Donald Trump, la amenaza de “apagar” Starlink o un simple boletín de Microsoft, para recordarnos quién tiene la sartén por el mango y el interruptor de nuestra infraestructura digital.

Muchos líderes europeos ya lo han experimentado en primera persona: controlar la tecnología no es solo una cuestión económica, es una cuestión de poder y seguridad.

Cuando no controlas el hardware ni el software, pasan cosas como estas: el teléfono de Angela Merkel fue intervenido, soldados estadounidenses espiaban desde la embajada de EE. UU. en Berlín y la NSA recolectaba cada año los datos de 500 millones de llamadas realizadas en Europa.

Dos décadas después, Donald Trump amenaza con “desconectar” el servicio Starlink que sostiene la defensa ucraniana, y Microsoft fuerza a millones a actualizar a Windows 11 mintiendo sobre requisitos técnicos que explicaré más adelante.

Europa lleva años dormida aguantando estas agresiones tecnológicas, pero algo está cambiando: Dinamarca migra 150.000 PCs a Linux, Alemania hace lo mismo con ciertos departamentos gubernamentales y construye su nube soberana y Francia crea su propia cloud y lanza satélites espía alternativos.

Es la respuesta perfecta a una pregunta incómoda: ¿por qué pagamos a quien nos espía y chantajea?

Olvidamos demasiado rápido. En 2013, Edward Snowden destapó la Operación PRISM: Google, Apple y Microsoft entregaban datos europeos a la NSA como caramelos.

Solo un año antes, se espiaron a* políticos alemanes* usando cables submarinos.

Luego en 2021, el caso Pegasus reveló que hasta el presidente Macron fue hackeado con software israelí que se aprovechaba de vulnerabilidades en el software de sus teléfonos móvil que, presuntamente, EE.UU. ocultó.

O la suspensión de la cuenta de correo del fiscal de la CPI por orden ejecutiva de Trump, acatada por Microsoft en 2020, utilizado: “kill switch” en servicios cloud, aunque Microsoft también lo ha negado.

Estos episodios muestran por qué la dependencia tecnológica no es solo un asunto de precios o prestaciones: implica soberanía política, industrial y hasta judicial.

Estoy seguro que Europa debe pensar algo así: “Somos colonia digital de quien dice protegernos”.

Hoy, Trump amenaza con “cortar su inteligencia o las comunicaciones a Ucrania” si no se hace todo lo que va dictando.

La guerra de Ucrania ha evidenciado el poder coercitivo de un operador privado con miles de satélites activos en el frente. Sin Starlink —recordemos el “corte” unilateral que frustró un ataque naval ucraniano— el flujo de datos se detiene y la cadena de mando se vuelve ciega. De ahí que la UE haya acelerado IRIS², una constelación de 290 satélites que proporcionará conectividad segura de gobierno y banda ancha civil desde 2027.

¿Necesitamos más señales?

Dinamarca ya no espera. Este junio, su Ministerio de Finanzas anunció la migración de todos sus equipos a Linux y LibreOffice. No es un experimento: 30 municipios ya usan software libre desde 2018, ahorrando 17 millones de euros en licencias.

Alemania, a través del estado de Schleswig-Holstein, ha anunciado planes para migrar aproximadamente 30.000 ordenadores gubernamentales de Microsoft Windows a Linux y de Microsoft Office a LibreOffice, con el objetivo de fortalecer la independencia digital, reducir costos y mejorar la seguridad y privacidad.

La ciudad francesa de Lyon también acaba de decidir migrar de Windows a Linux, incluyendo OnlyOffice para ofimática y PostgreSQL para bases de datos para su administración.

Como puede comprobarse, el cambio ya ha comenzado. Poco a poco, también se unirán los rezagados de siempre: aquellos que no se atreven a tomar decisiones tan razonables por iniciativa propia, y solo actúan cuando una autoridad superior se lo exige.

La razones se amontonan: “Windows 11 nos obligaba a comprar hardware nuevo sin razón real”. Su campaña del “PC incompatible” es humo. Yo mismo instalé Windows 11 en mi PC supuestamente incompatible saltándome la comprobación de TPM 2.0. Funciona perfecto.

¿Por qué lo bloquean entonces? La respuesta es sencilla: para vendernos más software y ordenadores nuevos.

Sigamos poniendo ejemplos de los que, como siempre, toman la iniciativa: Alemania y su Sovereign Cloud Stack: una nube gubernamental 100% europea que rechaza Azure y AWS.

Francia ha lanzado una inyección de capital en Eutelsat con objeto de aumentar su participación a casi el 30%, afianzando así su influencia en el consorcio SpaceRISE dentro del programa IRIS².

En el terreno de la inteligencia artificial, las iniciativas europeas como LAION (Alemania) y Mistral (Francia) siguen creciendo.

Paralelamente, herramientas como DeepSeek han sido bloqueadas o investigadas en diferentes países europeos (Italia, Alemania, Países Bajos…), debido a problemas de protección de datos conforme al RGPD.

Por el contrario, ChatGPT no enfrenta una prohibición general en la UE; aunque sí tuvo una suspensión breve en Italia durante 2023 por preocupaciones similares.

En cuanto a Copilot con su función Recall, Microsoft estuvo espiando a los usuarios enviando a sus servidores capturas de pantalla frecuentes, aunque ahora lo ofrece como una característica opt‑in en PCs con Windows 11 y Copilot+, que ahora se almacenan cifradas localmente. En realidad, Microsoft siempre afirmó nunca hizo tal cosa, aunque se conserva la discusión sobre las implicaciones de privacidad.

El peligro de espionaje a través de herramientas de IA es más serio de lo que parece: empleados poco concienciados sobre la confidencialidad de la información propietaria de la empresa utilicen estas herramientas.

Al usarlas para analizar textos o redactar correos electrónicos con información sensible, esta información puede salir de los límites de la organización y ser procesada en la nube de terceros, aumentando enormemente las posibilidades de que se vea comprometida.

¿Alguien quiere que su contabilidad o estrategia militar esté en manos de Musk o Nadella y, por ende, de EE. UU. o China?

¿Por qué tanta prisa también con la IA? Porque una IA mal configurada, conectada a SharePoint, S3 o Google Drive se convierte, como dice un estudio de The Hacker News, en un “keylogger” corporativo de lujo.

Veamos si migrar desde el sistema operativo Windows a Linux es tan traumático. Aquí llega el mito a derribar: “Linux es para frikis”.

Las distribuciones actuales como Linux Mint o Ubuntu son clones visuales de Windows. Abres un menú Inicio, tienes tu store de apps y hasta el Excel de LibreOffice abre documentos .xlsx sin errores.

La diferencia está en lo invisible: cero actualizaciones forzosas, cero anuncios en el menú de inicio y un consumo de RAM un 60% menor.

¿Tienes un portátil viejo y lento con Windows?

Instala cualquier distro (distribución) de Linux y revivirá.

También puedes hacer lo mismo migrando de Microsoft Office a LibreOffice o OpenOffice y ahorras una fortuna con el tiempo. Eso sí, si eres usuario avanzado de Excel con macros complejos, notarás limitaciones, pero para el 90% de personas o empresas, es más que suficiente. ¿No es absurdo pagar 150€/año por Office si solo escribes facturas?

Microsoft juega sucio mientras puede. En junio de 2025, “regaló” parches de seguridad para Windows 10… con trampa: exigía activar Copilot y compartir datos de diagnóstico.

Como denunció Ars Technica, era una resurrección zombie para succionar más datos de sus usuarios antes del entierro definitivo, es decir, te dejo utilizar Copilot a cambio de espiarte a fondo.

Aunque muchos detestamos al energúmeno de Trump, he de reconocer que está siendo el mejor aliado de Europa para provocar esta revolución, sin él nunca hubiéramos dado el paso.

Sus recientes amenazas de dejar a Europa indefensa si no paga el 2% del PIB en defensa, ahora ya un 5%, incluyen un guiño siniestro: Starlink podría apagarse en conflictos. Y eso son palabras mayores, hablamos de muchas muertes asociadas a decisiones así.

Hay que independizarse ya: ¿Es tarde? Sí. ¿Es difícil? Más. Pero los cimientos existen:

  • GAIA-X: La nube europea con nodos en Francia, Alemania y España, o OVHcloud que crece un 9% interanual, impulsado por la demanda de soluciones soberanas. Y es que cada vez más compañías reconsideran utilizar AWS o Azure por el riesgo de represalias comerciales de EE. UU.
  • European Processor Initiative: Chips RISC-V para supercomputadoras.
  • IRIS2, OHB o Mynaric: Alternativa europeas espaciales para mantener la resiliencia, interconectividad y servicios desde satélites, así como enfocarse en comunicaciones láser.

Algunos dirán que es caro, por qué vas a desarrollar algo que ya existe y que, además, te cuesta menos comprarlo que hacerlo. Pero ¿cuánto cuesta que te espíen o te bloqueen la posibilidad de utilizarlo cuando más falta te hace?

Dinamarca ahorró 27 millones en 3 años. Otros temen fricciones comerciales. Pero cuando tu “socio” te chantajea con satélites y te hackea el móvil, la relación de confianza ya está deteriorada.

Europa tiene talento, dinero y ahora, urgencia.

No deseo que se malinterprete esto como una muestra de desprecio hacia Estados Unidos; mi postura es, en realidad, puramente pragmática. Cualquier ciudadano estadounidense informado sobre los argumentos expuestos comprendería que, ante ciertos abusos, la respuesta natural es la acción.

La situación actual no implica que Europa perciba a Estados Unidos como un adversario en lugar de su aliado más valioso; esa premisa es incorrecta. Afortunadamente, la alianza perdurará, a pesar de los desafíos que el presidente en funciones pueda generar.

En esencia, el debate se centra en la soberanía digital, la libertad y la seguridad, derechos fundamentales que los ciudadanos europeos merecen disfrutar al igual que sus homólogos estadounidenses.

Termino con una confesión incómoda: escribo esto en Windows y utilizando MS Office Word pero también estoy seguro de que no voy a renovar más licencias de Microsoft. Mi PC de uso normal tiene Linux y ahí es donde guardo lo importante.

Trump no ha hecho más que precipitar lo inevitable: si Europa quiere seguir dictando sus propias reglas —privacidad como derecho fundamental, mercados competitivos y valores democráticos— debe controlar los cables, los satélites, la nube y el código que los conecta.

La buena noticia es que las piezas ya están en marcha: gobiernos que migran, un satélite europeo que no tendrá nada que envidiar a Starlink, start-ups de IA que hablan francés, alemán o español y un mercado de 450 millones de usuarios dispuesto a respaldar la transformación.

Basta de vivir de la tecnología ajena. Es hora de que Europa diseñe, fabrique y proteja la suya, con seguridad y privacidad desde el diseño, para europeos y para todo el que valore su libertad digital.