Cuando hablamos de mensajería instantánea nos referimos a las herramientas que se utilizan para mandar mensajes de texto de forma inmediata a través de aplicaciones como SMS, WhatsApp, iMessage, Threema, Telegram, Signal, Facebook Messenger, WeChat, Line, Snapchat, Discord, Google Hangouts, Viber, etc.
Aunque inicialmente empezaron como simples vías para enviar breves textos, hoy en día permiten mandar todo tipo de contenido multimedia (audios, videos, documentos, imágenes), así como realizar llamadas y videoconferencias.
La conveniencia de usar este tipo de aplicaciones para comunicarse de manera rápida y ágil ha hecho que la mayor parte de la población —sobre todo la que se encuentra por debajo de los 35 o 40 años— se comunique casi exclusivamente a través de ellas, intercambiando gran cantidad de mensajes de voz que, en la práctica, han desplazado a las llamadas telefónicas, salvo en raras excepciones o casos de urgencia.
Nuevas tendencias crean nuevas costumbres. Estamos viendo una forma distinta de comunicarse, con un estilo diferente al que estábamos acostumbrados.
Ahora, no parece necesario saludar ni despedirse de manera formal tras cada comunicación, como si se hubiera establecido un canal perpetuo al que podemos acceder en cualquier momento del día y continuar la conversación previa.
De hecho, los mensajes se responden cuando a uno mejor le conviene, a diferencia de las llamadas tradicionales que, en muchas ocasiones, llegaban en el momento menos oportuno (en medio de la compra, un examen, conduciendo, etc.).
Indudablemente, hemos ganado flexibilidad con esta nueva forma de intercambio, aunque muchos todavía no la ven con buenos ojos y se quejan de esos que, en vez de realizar llamadas todo lo arreglamos a base de cortos mensajes de voz o texto.
A la hora de elegir una u otra aplicación para comunicarnos, existen preferencias que varían según la región o país en el que nos encontremos.
Sin embargo, la herramienta que se lleva el primer puesto de adopción a nivel mundial sigue siendo WhatsApp.
Como era de esperar, estas aplicaciones, además de ser excelentes herramientas para comunicarnos, también tienen un lado oscuro desde el que se dedican a explotar nuestros datos y privacidad del mismo modo que lo hacen la gran mayoría de las aplicaciones gratuitas.
Pero claro, a todo el mundo le gusta que sus conversaciones sean privadas, no tener que lidiar con anuncios publicitarios y, además, poder usar la aplicación sin coste ¿verdad? … mucho pedir para el esfuerzo y dinero que lleva desarrollar y mantener aplicaciones tan complejas.
Abordando el tema de la confidencialidad que ofrecen la comunicaciones con estas aplicaciones, en primer lugar, hay que señalar que no todas las aplicaciones de mensajería instantánea ofrecen un cifrado de extremo a extremo por defecto (E2EE, del inglés End-to-End Encryption), el cual evita que las conversaciones puedan ser leídas por terceros —incluida la propia empresa dueña de la aplicación—, puesto que, con dicha implementación, solo las personas que participan en la conversación almacenan en sus dispositivos las claves necesarias para cifrar y descifrar los mensajes.
En segundo lugar, incluso algunas que sí implementan E2EE no siempre generan total confianza.
Ya sabemos lo que ocurre cuando los servicios de inteligencia de cierto país necesitan acceder a cierto tipo de comunicaciones: la empresa propietaria puede recibir presión gubernamental para dejar una “puerta trasera” que, llegado el caso, permita el acceso y descifrado de cualquier comunicación.
Pero ¿cómo encaja lo anterior con la afirmación de que el cifrado E2EE es tan seguro que ni la propia empresa puede leer los mensajes?
Os lo explicaré de tal manera que dejaré que cada uno saque sus conclusiones.
Para empezar, hay que resaltar que E2EE cifra los solo el contenido de los mensajes, pero no los metadatos, de modo que cualquier empresa propietaria de una de estas aplicaciones podría extraer información de aspectos tan valiosos como: nombres e imágenes de perfil de los grupos, números de teléfono, fotos de perfil, estados, nivel de batería del dispositivo, idioma, zona horaria, identificación única del móvil, operadores de red, modelo de teléfono, dirección IP, intensidad de la señal inalámbrica, sistema operativo.
Esta clase de datos puede resultar muy valiosa para la publicidad segmentada, la generación de estadísticas o, simplemente, la elaboración de perfiles de usuarios.
Y al hilo de esto, ¿crees en las casualidades?
Si te parece extraño que, tras escribir algo en WhatsApp o Facebook Messenger, de inmediato te aparezca publicidad relacionada con ese producto, te recomiendo leer el siguiente artículo escrito por Manuel Guerra (@CiberPoliES):
Está muy extendida la costumbre de crear grupos en estas aplicaciones, donde se reúnen compañeros de trabajo o clientes.
Así, por ejemplo, hay grupos creados por abogados, políticos, militares, policías, jueces, etc., y para muestra de ello tenemos el reciente caso del grupo creado para planificar el ataque a Yemen por parte de los Estados Unidos a través de la aplicación Signal.
El problema de crear estos grupos en ciertas aplicaciones como WhatsApp es que, con el tiempo, los integrantes del grupo tienden a relajarse y olvidar que cierta información sensible no se debería intercambiar por un medio no acreditado.
Hay que tener presente, que no solamente podrían interceptarse las comunicaciones sino que un potencial atacante podría haber comprometido con malware espía el móvil de cualquiera de los del grupo y leer todos los mensajes directamente a través de su pantalla.
Tal vez WhatsApp, tal y como afirma, no tenga la capacidad de leer los mensajes privados de sus usuarios, pero su empresa propietaria sí puede llegar a identificar a todos los miembros de un grupo lleno de militares que suelen ir juntos a las mismas misiones.
Como ya he dicho, si la aplicación puede leer los metadatos y, por ende, averiguar la ubicación de los dispositivos de los integrantes del grupo, sin mayor problema podrán saber cuándo y dónde ese grupo de militares se despliega para misiones de todo tipo, incluso secretas.
En otras palabras, que si al gobierno de Estados Unidos le da por pedir a la compañía Meta -propietaria de WhatsApp- que le mantenga informado de los movimientos de las personas pertenecientes a estos grupos de militares, ningún país podrá mantener en secreto ninguna de sus operaciones militares si sus miembros viajan con la aplicación instalada.
Por desgracia y por pura conveniencia individual de los usuarios, que tienen en aplicaciones como WhatsApp a la mayoría de sus contactos de trabajo, amigos y familiares, todos van a seguir utilizando WhatsApp como aplicación principal de mensajería instantánea, dando una ventaja de inteligencia militar a los EE. UU. que difícilmente la puede igualar hasta el mejor de los satélites de espionaje.
Pero bueno, tampoco voy a hablar mucho más de WhatsApp porque para eso ya dediqué un artículo completo donde se trataron sus números peligros, abusos y donde también se proporcionaron consejos muy útiles para securizarla lo máximo posible. Ya que no te voy a poder convencer de que la dejes de usar, al menos te enseñé a configurándola de manera robusta.
La monetización de estas plataformas “gratuitas” no siempre lo consiguen a base de revisar el contenido de los mensajes en sí, sino de explotar datos relacionados con el uso: los horarios de conexión, las redes de contactos o las interacciones más habituales.
Aunque muchos usuarios no lo perciban, esa información es muy valiosa y les sirve para después crear perfiles de la gente y generar modelos de publicidad efectiva en otros canales.
Así que lo dicho, incluso con cifrado E2EE, con aplicaciones como WhatApp la privacidad no siempre está garantizada al cien por cien.
De ahí que muchos expertos de ciberseguridad recomendemos apps de mensajería instantánea como Threema o Signal, que no solamente ofrecen un robusto cifrado en sus comunicaciones, sino que su política de protección de datos fomenta la transparencia y la privacidad del individuo.
De todas formas no pensemos que WhatsApp, por el mero hecho de ser estadounidense, los ciudadanos de ese país la adoran.
Por ejemplo, su fundador, Mark Zuckerberg, ha tenido que acudir en diversas ocasiones ante la justicia estadounidense para dar explicaciones por distintos sucesos.
Y no solo en su país, también acudió en 2018, esta vez de manera voluntaria, a la Eurocámara para tratar temas relacionados con algunas de las prácticas de su red social.
¿Os acordáis del caso Cambridge Analytica? que, según múltiples investigaciones, pudo haber influido en la primera victoria como presidente de Donald Trump, o también la conocida campaña del referéndum del Brexit en 2016 (por no mencionar otros eventos en los que también se vio implicada, como la Primavera Árabe).
Estas comparecencias han aumentado la percepción de que las redes sociales y las empresas tecnológicas necesitan un control más exhaustivo por parte de los organismos públicos, ya que son instrumentos extraordinarios para manipular a las masas y de contribuir, como presuntamente hizo Facebook, al genocidio de los rohinyás en Myanmar al propagar mensajes de odio contra esa minoría étnica.
En cualquier caso, hasta la UE —considerada por muchos países del mundo como un modelo a seguir en la protección de derechos de sus ciudadanos— aprobó en julio de 2021, en el Parlamento Europeo, la llamada ePrivacy Derogation (Exención de privacidad electrónica).
Una normativa que permite a los proveedores de servicios de correo electrónico y mensajería instantánea buscar de forma automatizada en todos los mensajes personales de cada ciudadano contenido que consideren sospechoso, para luego informar de ello a la policía.
Esta medida abre la puerta a una vigilancia masiva automatizada, lo que supone un duro golpe para la privacidad en las comunicaciones digitales.
Podría surgir la duda: si se supone que con el cifrado E2EE ni siquiera las empresas pueden leer los mensajes de sus usuarios, ¿cómo es posible que puedan revisar dichas comunicaciones en busca de, por ejemplo, pornografía infantil?
La respuesta es que, si estas empresas se ven “obligadas” a instalar backdoors (puertas traseras) en sus sistemas.
Legislaciones de vigilancia masiva como esta implican que incluso la inmensa mayoría de ciudadanos que no han cometido ningún delito se verán bajo la sospecha de haberlo hecho, y sus comunicaciones privadas podrán ser monitorizadas en cualquier momento, perdiendo así la tan preciada confidencialidad de la información.
¿Podemos confiar plenamente en el legislador para que no utilice esa vigilancia masiva con otros fines que pudieran restringir la libertad de miles de periodistas, disidentes, víctimas de abusos, activistas, etc.?
Aunque, como decían, el motivo inicial fuera proteger a los menores de abusos sexuales y de la pornografía infantil, no deja de ser preocupante que cualquier ciudadano pase a ser potencialmente investigado, aunque sea mediante un algoritmo que analice de forma automatizada los mensajes de millones de personas.
Además, una conversación marcada erróneamente como sospechosa podría desencadenar procedimientos injustificados y abrir la puerta a otro tipo de control que busque fines menos aceptables.
Piensa, por ejemplo, en el trabajo de periodistas que investigan casos sensibles o en la labor de activistas que denuncian prácticas gubernamentales dudosas.
Y tras conocer los posibles abusos de privacidad que pueden llevar a cabo las compañías detrás de algunas de estas aplicaciones, supongo que el lector también querrá saber qué aplicación vela más por la seguridad y la privacidad de sus usuarios.
De momento, ya hemos descartado rotundamente a WhatsApp, por la tanto, en nuestro humilde objetivo de encontrar la aplicación ideal que más nos proteja y respete nuestros derechos, deberemos tener en cuenta, además del cifrado, otros factores cruciales como:
- el respeto a la privacidad por parte de la empresa propietaria,
- la jurisdicción bajo la que opera,
- el modelo de negocio que sigue (por ejemplo, si se sustenta de publicidad o de donaciones),
- cuán transparente es en cuanto a la publicación de su código fuente e informes de transparencia, etc.
Así que, para no hacer este artículo más largo, en los próximo dos artículos haremos un análisis detallado de las aplicaciones más utilizadas a nivel mundial, con el objetivo de que cada persona saque sus propias conclusiones y elija la aplicación principal de mensajería instantánea que más le convenza.